Concepto de sacrilegio

En la Antigua Roma era considerado un sacrilegio (del latín “sacrilegium”) la violación de las cosas sacras, que eran las que se destinaban al culto de los dioses superiores (Júpiter, Marte y Quirino, siendo este último el rey Rómulo divinizado).

Las cosa sacras no tenían ninguna característica en particular. Podía tratarse de un edificio, de un vaso, de un plato, o de cualquier otro elemento mueble o inmueble que sirviera para la adoración de esos dioses mencionados, requiriéndose que se hiciera una ceremonia especial para convertirlas en tales, llamada “consagratio”. Por una ceremonia inversa, denominada “profanatio” la cosa sacra volvía a ser una cosa cualquiera, y podía comprarse y venderse, cosa que no ocurría con las sacras.

El sacrílego, que atentaba contra una cosa sacra, recibía las sanciones más duras, llegando incluso, en la mayoría de los casos, a la pena capital.

En la Edad Media la condena por sacrilegio se extendió a quienes eran acusados de brujería.

Actualmente se llama sacrilegio toda falta de respeto, violación o profanación verbal o escrita, a personas o cosas con connotación religiosa, como el caso de insultar dentro de una iglesia, mezquita o sinagoga, no sacarse los zapatos al ingresar a una mezquita, o profanar una tumba, o romper o robar símbolos religiosos, o pertenencias de las instituciones religiosas, o usarlos con fines profanos. Los religiosos también pueden cometer sacrilegio, por ejemplo si ofician misa sin las vestimentas sagradas. Para los hindúes, matar una vaca, constituye un sacrilegio, pues es un animal sagrado. Los sacrilegios se clasifican en personales, si atentan contra personas investidas de alguna dignidad religiosa; reales, si se trata de cosas; o locales, si el objeto del sacrilegio es un lugar sagrado. En el cristianismo los sacrílegos son sancionados con la excomunión.