Concepto de sarcófago

La palabra sarcófago, etimológicamente procede del vocablo griego σαρκος – φαγος, de donde pasó al latín como “sarcophagus” con el significado de “devorador de carne” (sarxis se traduce como carne y fagos como comer) pues en Grecia, los sarcófagos eran especies de cajas construidas en piedra calcárea que tenían la propiedad de consumir los cadáveres, por un proceso ácido-base, en un lapso relativamente corto de tiempo.

Los egipcios también tuvieron sus sarcófagos elaborados en piedra o madera, relacionados con su creencia de una vida más allá de la muerte, por eso, allí depositaban al muerto momificado. Se los decoraba con piedras preciosas, dándoles en ocasiones, la forma de la persona que en ellos yacía, y colocándoles inscripciones y dibujos referentes al difunto. Luego se los depositaba en tumbas, por ejemplo, las pirámides, en el caso de los faraones. El sarcófago del faraón Ramsés II, por ejemplo, permite observar a la diosa Nefer, hermana de la diosa de la Luna, Isis, en una posición que pareciera estar protegiendo al monarca con sus brazos extendidos.

Concepto de sarcófago

Entre los romanos, y hasta el advenimiento del cristianismo que los reemplazo por los sepulcros, los sarcófagos se elaboraban con piedra caliza, con metal o con yeso.

Recobraron los sarcófagos importancia en el medioevo, sirviendo de última morada a monarcas e importantes cortesanos, que descansaban eternamente en su sarcófago que exteriormente reproducía sus figuras en vida, acompañados con tallados de ángeles o animales domésticos que los cuidaban.

En otro sentido, uego del accidente ocurrido en la central nuclear de Chernóbil, se fabricó una edificación llamada “sarcófago” para aislarla del entorno con fines preventivos.