Concepto de secta

Proveniente de la misma palabra latina, secta a su vez se derivó del verbo latino “sequi” con el significado de “seguir”, designando a quienes se dejaban guiar por un conductor o líder especialmente ideológico o religioso, compartiendo rituales. Con el tiempo llegó a tomar su significación actual de conjunto de personas que profesan una creencia minoritaria (los judíos por ejemplo, llamaron a los primeros cristianos “secta nazarena”) no reconocida oficialmente como religión, aplicándola algunos a aquellas ideas religiosas que sostienen valores o prácticas reñidas con la ética socialmente aceptada, y por ende potencial o prácticamente peligrosas.

Concepto de secta

Para los católicos, las sectas están conformadas por quienes niegan sus dogmas y los reemplazan por lo que los católicos consideran falsedades o perversiones religiosas (herejes) o por los que se separan de su seno (cismáticos) como por ejemplo los protestantes.

Sin embargo, autores como Max Weber, que consideraban a las creencias de un individuo muy importantes para su modo de ver e interpretar el mundo; sostienen que las sectas en sentido antinómico a iglesia, responden más a las creencias propias del individuo que las elige libremente, por contrato; en tanto que las religiones heredadas le son impuestas por tradición a la persona e integran en su seno a sus miembros de modo irrestricto, pudiendo incluir tanto el santo como el pecador.

Para Bryan Wilson (1926-2004) sociólogo británico, la secta es una agrupación exclusiva, integrada por quienes lo merecen, que manifiestan su adhesión a un líder carismático.

A partir de 1980 para quitar al concepto su connotación negativa se prefiere hablar en lugar de sectas, de “nuevos movimientos religiosos” designando así a estas corrientes de pensamiento que dan una explicación a partir de una fe o idea ética distinta de las religiones tradicionales; aunque sigue reservándose “secta” como distintivo de aquellas agrupaciones cuyas prácticas tienden a manipular las voluntades de sus miembros, los inducen a cometer actos violentos o inmorales, o sacan provecho económico de la credulidad de los creyentes.