Concepto de sorpresa

La sorpresa alude tanto a la acción como al resultado de sorprender, verbo que se formó de dos palabras latinas: “super” = “sobre” y “prehendere”, integrada a su vez, por el prefino de antelación “prae” y por “hendere”, tomar, atrapar o agarrar. En el francés se formó el término “surprendre” y de allí lo tomó el español, para designar aquella acción que nos causa un estado de incertidumbre, un estado emocional (si la sorpresa es grande) de corta duración, grato o no, dependiendo del caso, por lo imprevisto del hecho o situación. La sorpresa rompe con lo cotidiano y habitual.

Concepto de sorpresa

Pueden ser ejemplos de sorpresas agradables, recibir un regalo inesperado, o de mayor valor material o espiritual al previsto; recibir un ascenso en el trabajo cuando nada ni nadie lo había sugerido, o recibir gustosamente la noticia de no estar gestando un hijo sino dos. Como sorpresas desagradables podemos citar, que nos encontremos con alguien que despreciamos en un lugar que no podíamos imaginar hallarlo, toparnos con un animal salvaje o un asesino, sin contar con ningún medio de defensa, en un sitio aparentemente tranquilo; observar incrédulos el resultado pésimo de un examen para el que habíamos estudiado, etcétera.

Ante la sorpresa podemos quedar paralizados, salir corriendo, abrir la boca y los ojos, levantar las cejas, empalidecer, según la magnitud del hecho y la propia subjetividad.

Es común sorprender a alguien en su cumpleaños, preparándole un agasajo o un regalo a escondidas, y simulando ese día que nadie se ha acordado del acontecimiento, para finalizar con el despliegue de festejos, y la consiguiente sorpresa y alegría del homenajeado, aunque a veces puede reaccionar negativamente, como sucede con los que son rutinarios y hubieran preferidos ser consultados sobre si quería o no la celebración.

Cuándo ciertas personas presentan un carácter inestable y su reacción no es previsible, se dice que son “una caja de sorpresas”.