Concepto de virtud

Cuando hablamos de virtud nos referimos a un preciado valor. Lo virtuoso es lo bueno, lo que se ajusta a todo lo normado, lo que no defrauda.

El filósofo griego Sócrates, afirmaba que la búsqueda de lo verdadero es tarea imposible si no se cultivaba la virtud (areté). Para él la sabiduría era sinónimo de virtud, ya que quien obraba mal lo hacía por ignorancia. La virtud se aprende racionalmente, y siguiendo el instinto moral (daimon).

Para Platón, alumno de Sócrates, la virtud es una cualidad que permite el acceso al mundo verdadero, el de las ideas, pues solo por la virtud podrá desprenderse de su corporalidad, y acceder a las tres Ideas: al bien, a la belleza y a la justicia; estas dos últimas derivadas del bien.

Aristóteles, discípulo de Platón, nos enseñó a la virtud como hábito, formado por la repetición voluntaria de buenas conductas. Es necesario el deseo de ser virtuoso, pues una persona puede saber qué es lo bueno, y no elegirlo.

Para Aristóteles existen virtudes éticas que forman al hombre en su carácter. Son el valor, el pudor, la templanza, la fortaleza, la calma, la verdad, la justicia y la generosidad. Las otras virtudes que halla son las dianoéticas, que se refieren al intelecto, y son la prudencia y la sabiduría, virtudes propias de los filósofos, que son absolutamente necesarias para adquirir las virtudes éticas.

Para Aristóteles la virtud se halla en un punto intermedio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto. Para él no es virtuoso quien excede la valentía para realizar un acto temerario, como tirarse al medio del mar para salvar a alguien sin saber nadar, ni tampoco el cobarde, que no intenta ni el mínimo riesgo para ayudar a alguien.

Quienes tienen la virtud de conocer el justo medio, o sea la virtud, son los filósofos.

En la modernidad, Kant, asoció la virtud con el cumplimiento del deber, que se cumple por el deber mismo, y no para ningún beneficio personal, lo que no necesariamente conduce a la felicidad, como sí lo consideraba Aristóteles.

También se usa la palabra virtud para referirse a las cualidades o propiedades de ciertas cosas, como por ejemplo “Este medicamento tiene la virtud de calmarme el dolor de cabeza” “Mi gato tiene la virtud de hacerme sentir acompañada”, “Las aguas termales tienen virtudes terapéuticas” etcétera.

Otra acepción de virtud es para enlazar una causa con su consecuencia, por ejemplo “te recibiste en virtud de tu dedicación y esfuerzo”.

Para el cristianismo las virtudes teologales, son los hábitos que la inteligencia y la voluntad poseen como don divino, que permiten al hombre participar de la naturaleza divina, y son: la esperanza, la fe y la caridad. Las virtudes cardinales infusas también son hábitos intelectuales y volitivos, que permiten al hombre hallar los medios que lo conducen a Dios: justicia, prudencia, templanza y fortaleza.