Concepto de yugo

El origen de yugo lo encontramos en el latín “iugum” tomado tal vez del griego ζυγόν, derivado del verbo ζεύγνυμι, que significa unir. Con este vocablo se hacía referencia a un palo que servía para unir a dos bueyes por el cuello o la cabeza, para que tiren de un carro o del arado en yunta, sumando sus fuerzas. Como este trabajo al que se obligaba a los bueyes era muy pesado; por extensión, se aplica el término yugo a la atadura, carga o poder que alguien debe tolerar. Un yugo supone la existencia de una situación de dominación por parte de una cosa o persona hacia un ser vivo que resulta oprimido.

Concepto de yugo

Ejemplos de uso: “El yugo que representó la dominación inglesa en la India acabó gracias al pacifista Gandhi”, “Bajo el yugo de la ley se logra el orden social”, “El yugo del trabajo me agobia, necesito vacaciones” o “La enfermedad se ha convertido en un yugo con el que debo convivir diariamente y hace de mis días una tortura”. Un caso emblemático de yugo impuesto a los seres humanos, fue el trato despersonalizado que debieron soportar quienes revistieron la calidad de esclavos cuando esta institución era legalmente aceptada.

En el sentido de unión, se aplica el yugo para referirse al matrimonio, calificándose al yugo de igual, en aquella unión en donde cada uno de los miembros de la pareja aporta a la relación, lo mejor de sí, encaminándose juntos hacia metas comunes. Por el contrario, un matrimonio de yugo desigual, es aquel donde cada cónyuge se realiza en forma individual sin tomar al otro en cuenta, siendo por consiguiente no una unión de fuerzas, sino una dispersión que hace que la unión se debilite. La Biblia considera matrimonio de yugo desigual, a aquellas parejas que profesan credos diferentes, o uno de ellos es ateo o agnóstico, pues su camino hacia el fin último es diferente. Según lo escrito en las sagradas Escrituras sería como unir “la luz con las tinieblas” o “la justicia con la injusticia”. Sin embargo no se aconseja que un cónyuge creyente, por este motivo abandone al otro no creyente, ya que los no creyentes resultarán santificados por sus parejas, y hay posibilidades de que adopten la fe.