Concepto de abrasivo

En el latín es donde encontramos el origen etimológico del concepto abrasivo. Más exactamente procede de la palabra abradĕre que significa raer. De ahí surgió el término abrasión que viene a definirse como la acción y el efecto mediante los cuales se produce el desgaste de algo por el método de la fricción. De esta manera se establece que abrasivo es todo aquello que es perteneciente o relativo a la citada abrasión.

No obstante, también tenemos que subrayar que con este término que nos ocupa también se define a un producto que se emplea de manera habitual para llevar a cabo el desgaste o el pulimento de una sustancia dura (vidrio, metal…) mediante la ya anteriormente citada fricción, el bruñido.

Dadas estas funciones, es necesario subrayar que los productos de este tipo se emplean básicamente en el ámbito de la industria y de la artesanía. Campos estos en los que se usarán un tipo u otro de abrasivo, que puede ser natural o artificial, en función del material que se quiera desgastar.

Partiendo de ello podemos determinar que existen diversas clasificaciones de los abrasivos, no obstante, la más frecuente es aquella que los categoriza en función de su mayor o menor dureza. Y siempre basándose en la conocida escala de Mohs que fue diseñada por el mineralogista que le da nombre a principios del siglo XIX.

La arena, la alúmina, el esmeril, el diamante, el nitruro de boro cúbico y el carburo de silicio son así algunos de los abrasivos más conocidos y más utilizados en todo el mundo.