Concepto de absurdo

La palabra absurdo se compone de “ab” y “surdum”, que significa sordo en latín, designándose en principio lo que no se escucha o suena bien, extendiéndose lo absurdo a aquello que no es coherente, que no se entiende, que es abiertamente ridículo, irracional o disparatado, lo que contraría las reglas de la lógica, por ejemplo que se afirme y niegue algo al mismo tiempo. Ejemplos de uso de la palabra absurdo: “es un absurdo pensar que sin estudiar podrás realizar con éxito una carrera universitaria”, o “es absurdo creer que imponiendo la pena de muerte se terminará con la delincuencia”. Una proposición absurda sería: “Quiero que salgas conmigo mañana, por eso, te paso a buscar en una semana”.

Sin embargo algunas cosas o sucesos que resultan absurdos en alguna época pueden no serlo a posteriori. En tiempos no demasiado lejanos, habría parecido absurdo creer que las personas de lugares distantes del mundo pudieran comunicarse a través de Internet de modo sencillo e inmediato. Otras cosas que antes de ser demostradas parecerían contradecir leyes físicas o religiosas, luego de probadas, dejaron de ser absurdas, como por ejemplo, la teoría heliocéntrica. En la antigüedad parecía coherente identificar al Sol con un Dios; quien ahora expusiera esa creencia, sería tildado de absurdo.

El absurdo es muy frecuentemente usado en el género humorístico, para exagerar situaciones hasta el límite del sinsentido, y que se tornen divertidas.

La filosofía del absurdo cuyo mayor exponente es Albert camus (1913-1960) es una posición escéptica, que considera vanos los intentos del hombre para hallar un sentido a la existencia.