Concepto de ampolla

En el latín es donde podemos encontrar el origen etimológico de la palabra ampolla. Más exactamente tenemos que subrayar que el mismo se halla en el término ampulla, que era como se llamaba a una botella que tenía dos asas.

Una vez establecido el citado origen hay que determinar que el concepto que nos ocupa se caracteriza porque posee distintas acepciones, siendo la más utilizada aquella que lo define como la vejiga o elevación local de la epidermis que se produce como consecuencia de una acumulación de fluido. Su principal función es ejercer como mecanismo de defensa por parte del organismo y en concreto aparece por culpa de una quemadura o por un fuerte roce.

En concreto, partiendo de dicho significado hay que dejar claro que existen diversos tipos de ampollas. Así, nos encontramos, por ejemplo, con las llamadas subcutáneas que son las que se producen bajo la dermis, las subcorneales que se sitúan bajo lo que es el estrato córneo, y finalmente tenemos las intraepidérmicas que se hallan en la epidermis.

Como dijimos anteriormente, varias son las acepciones que tiene este concepto y aunque la anterior definición es la más empleada existen otras que mantienen más el significado de lo que es el origen etimológico. Así, ampolla es también una vasija que se caracteriza por tener un cuerpo redondo y ancho además de un cuello estrecho y largo.

Y eso sin olvidar que también en el ámbito sanitario y médico se hace uso de este término para referirnos a todo aquel recipiente de vidrio que está cerrado de manera hermética y que contiene una dosis de una sustancia que es inyectable.