Concepto de augurio

En la Antigua Roma recibían el nombre de augures (aunque también los hubo entre etruscos y griegos) los miembros de uno de los colegios sacerdotales que se encargaban de consultar si la voluntad de los dioses hacían que un día sea fasto o nefasto para realizar un acto determinado de trascendencia pública, basándose en el vuelo o canto de las aves, en fenómenos naturales como truenos y relámpagos, o en el apetito de los pollos sagrados. Sus miembros fueron aumentando pasando rápidamente de tres a quince. Había demás de estos augures oficiales, otros particulares.

Se diferenciaban los augures de otros sacerdotes, llamados auríspices, que consultaban a los dioses sobre su voluntad, pero interpretándola en base a las entrañas de animales sacrificados.

Actualmente se conoce como augurio, a un vaticinio o presagio de algo positivo o negativo a acontecer en el futuro, basándose en ciertas señales. Por ejemplo: “Viendo la inteligencia demostrada por el niño, le fue augurado un promisorio futuro”; “Que haya sol en tu casamiento, es un buen augurio”, “Es de mal augurio que el novio vea el vestido que lucirá la novia, antes del casamiento”.

Algunas supersticiones asocian a ciertos animales con malos augurios como búhos, murciélagos o gatos negros.

En las Fiestas de Fin de Año, se expresan a través de mensajes, buenos augurios como expresión de deseo, entre familiares y amigos.

También es un nombre masculino, que tuvo entre otros Augurio de Tarragona, mártir cristiano, quemado vivo durante las persecuciones a los cristianos de los emperadores romanos Valerio y Galerio en el siglo III. Fue santificado como San Augurio.