Concepto de brusco

De acuerdo a su distinto origen etimológico, brusco presenta varias acepciones. En una primera, derivada del indoeuropeo, brūsko, alude a algo que ocurre de repente, sorpresivamente, sin dar oportunidad a tomar precauciones. Por ejemplo: “un brusco alud, terminó con su travesía, y el accidente le costó la vida”, “la brusca frenada, hizo que los pasajeros cayeran y se lastimaran”, o “me he enfermado por el cambio brusco de temperatura”.

Los cambios bruscos que se producen en materia política, económica, social o tecnológica, se denominan revoluciones.

También se habla de brusco, para designar actitudes ásperas, torpes, impetuosas y prepotentes y hasta violentas, contrarias a lo que se designa como amable, cortés y afectuoso: “el maestro ha sido tan brusco con el alumno, que al reprenderlo lo hizo llorar” o “el niño es tan brusco que ningún compañero quiere jugar con él”. El brusco carece de empatía y control de sus impulsos.

Una segunda acepción deriva de la conjunción, entre “ruscus” palabra latina y “brisgo”, palabra gala, que designa una planta o arbusto, también conocido como rusco, de la familia de las liláceas, de una altura aproximada de un metro, perenne, cuya tonalidad verde oscura persiste en el curso de todo el año en sus pequeñas hojas, con flores de tono verdoso, que produce bayas pequeñas, rojas y redondas, que cobijan en su interior hasta dos semillas, parecidas a las cerezas, usadas para la fabricación de setos.

Como tercera acepción derivado de “brusca” se refiere a pequeñeces que se descartan de las cosechas, justamente por su tamaño mínimo.