Concepto de estupefacto

La palabra estupefacto reconoce su etimología en el vocablo latino “stupefactus”, formara por el verbo “stupere” que significa quedar en estado de aturdimiento, y por “facer” que importa un hacer.

Ese aturdimiento o parálisis puede deberse al asombro causado por algo muy temible, sorprendente o maravilloso, por lo cual la persona pierde la facultad de reacción, de allí que también se derive de este término la palabra estúpido, aludiendo a alguien que puede razonar a niveles normales.

En la antigüedad el hombre halló elementos para el asombro y el estado de estupefacción, en los fenómenos naturales, a los que admiró de tal modo, que los convirtió en sus dioses, al no hallar explicación científica para los mismos. Con el correr del tiempo y los avances tecnológicos que han llegado a niveles inimaginables, el hombre ha perdido esa capacidad de maravillarse y sorprenderse.

Alguien puede quedarse estupefacto frente a un accidente humano o natural de dimensiones inusuales, ante las maravillas de la naturaleza, con los descubrimientos de la ciencia, con una visita o noticia inesperada, ante una pérdida irreparable, etcétera, y dependerá de la sensibilidad de cada persona, el tiempo que permanecerá en ese estado, que suele ser pasajero, y los signos que mostrará ante el impacto: se tomará la cabeza con las manos, su boca se abrirá grande al igual que sus ojos, podrá enmudecer, y su corazón latirá fuertemente.

En la misma familia de palabras hallamos estupefaciente, a la sustancia que provoca al ingerirse o inyectarse un estado de sedación o de tranquilidad.