Concepto de ordinario

La palabra ordinario procede en su etimología del latín “ordinarius”, vocablo integrado por “ordo” con el significado de “orden” más el sufijo “ario” que indica pertenencia. Lo ordinario es entonces tanto lo que sucede por el devenir común de los acontecimientos, de acuerdo al orden natural, por ejemplo: “en esta zona tropical, de ordinario, llueve” como aquello que se ajusta al orden social o jurídico, dado por reglas o normas: “fui designado profesor ordinario de la cátedra, por haber ganado un concurso” o “las Cámaras del Congreso, de acuerdo a lo que establece la Constitución se reúnen cada año en sesiones ordinarias”.

Concepto de ordinario

Es entonces ordinario lo que está de acuerdo a reglas, indicando lo que sucede o debiera suceder si ellas se cumplen. Lo contrario es lo extraordinario que ocurre de modo no habitual y por excepción.

En Derecho, la justicia ordinaria o común es la que aplica la ley en un país a través de los órganos constitucionales comunes y no especiales, como podría ser la justicia militar. En cuanto a la prescripción como modo de adquirir la propiedad de las cosas por la posesión de buena fe y continuada durante un cierto tiempo, es ordinaria cuando se cumple el plazo general que determinan las leyes y se posee algún título legítimo; si éste no existe la prescripción es extraordinaria y requiere un plazo de posesión ininterrumpida mayor.

Por designar lo común, se emplea también la calificación de ordinario peyorativamente, para lo que resulta vulgar, de mal gusto y grosero: “El ordinario de mi vecino, deja su basura en mi puerta” o “su lenguaje ordinario está lleno de palabras insultantes y vacías”.

También se usa para designar a aquello cuya calidad es baja: “la casa está construida con materiales ordinarios, es por eso que tiene filtraciones y rajaduras” o “la ropa que compré es barata pero ordinaria, no me durará mucho tiempo”.

En lo religioso se denomina tiempo ordinario al período que se dedica a reconocer la vida y obra de Jesús. Es de aproximadamente 33 semanas o 34 variando anualmente. Comienza el lunes siguiente al 6 de enero y hasta el martes que antecede a la Cuaresma; desde el lunes que sigue a Pentecostés y hasta la Navidad.