Concepto de prisa

La palabra prisa procede etimológicamente del latín “priesa” participio del verbo “premere”, que puede traducirse como presionar, estrechar o apretar. Es sinónimo de premura, apuro e inmediatez. En sus comienzos, prisa, siguiendo su sentido original se aplicó a las turbas o tropeles; o sea, a masas de gente, a la muchedumbre agitada o conmocionada, para luego recién tomar su sentido actual de premura y urgencia para hacer, recibir o sentir algo.

Ejemplos de uso: “Tengo prisa por llegar a destino ya que mi madre se está muriendo y quiero alcanzar a despedirme de ella”, “Si vives con prisa, no disfrutarás de cada etapa de tu vida en plenitud”, “La vida en las grandes ciudades transcurre con mucha prisa”.

Concepto de prisa

Lo opuesto a la prisa es lo lento, pausado, despacio, lo que transcurre en un lapso temporal mayor: “No tengo prisa, realiza tus actividades planeadas, yo puedo esperarte” o “Caminemos sin prisa por este sendero lleno de flores, de ese modo disfrutaremos el paseo”.

Las personas que viven deprisa, innecesariamente, son ansiosas e hiperactivas, y pocas veces consiguen relajarse. No disfrutan del presente por intentar estar siempre un paso adelante, lo que puede reflejarse en problemas psicofísicos (estrés, dolores, angustias). Sin embargo, a veces la prisa es necesaria, por ejemplo ante situaciones que de no resolverse inmediatamente pueden resultar fatales: “Por suerte, el médico actuó deprisa, reanimando a mi hermano de inmediato, esperar hubiera sido fatal”, o cuando se exige esta característica en alguna competencia: “Corre más aprisa, de lo contrario no ganarás la competencia” o “Si no resuelves con más prisa los problemas matemáticos, no te alcanzará el tiempo el día del examen”, o en aquellos casos donde existen horarios pautados: “Si no te das prisa llegarás tarde a clases”.