Concepto de pronóstico

Originado en el término griego “προγνωστικόν”, pasó al latín como “prognostĭcum”, y de allí a nuestro idioma como pronóstico, con el significado de predecir o anunciar acontecimientos futuros, basándose en ciertas señales, síntomas, intuiciones, estudios, o historia previa.

Es el resultado de la acción de pronosticar, o sea de aventurar sobre lo que aún no ocurrió, lo que puede hacerse sin basamentos sólidos, por ejemplo, dar un pronóstico sobre los números que saldrán sorteados en la lotería, o qué equipo será el ganador de un torneo de básquet o fútbol, lo que se hace por intuición, o ser el resultado de una investigación, como ocurre con el pronóstico meteorológico o el pronóstico médico, que si bien pueden equivocarse, sus presagios tienen base científica.

Los médicos pueden pronosticar la evolución de una enfermedad o de una dolencia física o psíquica (cuánto durará, los síntomas y secuelas que dejará, si es o no reversible, etcétera). Cuando el pronóstico es dudoso, y puede haber riesgos fatales, se suele usar la expresión “pronóstico reservado” pues aunque se espera un mal desenlace, aún existen esperanzas, y por ello se prefiere ser cauto, para no crear falsas expectativas o angustiar a los familiares en forma innecesaria.

En el caso del pronóstico del tiempo, éste es efectuado por profesionales llamados meteorólogos, que predicen el clima futuro para un área específica, lo que hacen conectando datos de los elementos del clima (temperatura, presión, humedad, precipitaciones, vientos) y utilizando técnicas, especialmente los satélites, que permiten predecir en forma probable cómo estará el clima hasta con una semana de antelación. Por ejemplo: “Lleva paraguas, he escuchado el pronóstico meteorológico, y anuncian para hoy lluvias fuertes”.