Concepto de pusilánime

Pusilánime etimológicamente proviene del vocablo latino “pusillanimis”, de donde “pusillus” significa pequeño y “animus”, ánimo, aliento o espíritu, pudiendo entonces definir a un ser pusilánime como aquel que posee un pequeño o mezquino espíritu. Alude, entonces, a la debilidad de carácter o cobardía que impide al pusilánime defender sus convicciones, enfrentarse a sus enemigos o a las adversidades de la vida, emprender acciones importantes o tomar decisiones. Es un calificativo negativo, que resulta ofensivo para quien lo recibe.

Ejemplos: “Martín demostró ser un pusilánime, renunció a su amada por temor a las amenazas de su padre”; “No seas pusilánime: atrévete a luchar por tus ideales.

Un pusilánime es fácilmente manipulable, falto de audacia y de convicciones firmes, y si las tiene, carece de valentía para sostenerlas. Es sinónimo de cobardía.

Las antítesis del pusilánime es el héroe, el valeroso guerrero que arriesga su propia vida para salvar a otros.

El ex “carapintada” argentino, Aldo Rico popularizó el término, al referirse con él a sus opositores, con el fin de desprestigiarlos.

El poeta italiano Dante Alighieri (1265-1321) ubica a los pusilánimes en las puertas del infierno, en su “Divina Comedia”, rechazados por el Paraíso y también por el Infierno, ya que no se destacaron ni por buenos ni por malos. Los moscones, avispas y gusanos, los molestarán por toda la eternidad.

El escritor Javier Marías denuncia en uno de sus escritos “La formación de pusilánimes” que el exceso de normativa hace que las personas dejen de verse comprometidas a resolver por sí mismas sus conflictos, dejando esto en manos de terceros.