Concepto de prólogo

La palabra prólogo reconoce su origen etimológico en el griego πρόλογος , traducido como “prólogos”. Está integrada por “pro” = antes y “logos” = palabra, designando literalmente al que hablaba antes, pues se aplicaba a los dichos de uno de los actores de la comedia griega, que salía al escenario, antes que el resto, para recitar la introducción al argumento de la obra.

En la actualidad, un prólogo es lo que se escribe antes del inicio de un texto, dentro de su contexto o paratexto, a modo introductorio, pero con lenguaje literario, expresivo, ya sea por el propio autor, u otra persona para otorgarle mayor objetividad, o si se trata de alguien más famoso, agregarle su prestigio, si este escritor de renombre hace un elogio del contenido que el lector se dispone a descubrir.

Concepto de prólogo

Ejemplo de prólogo escrito por su autor, es el de “Don Quijote de la Mancha” donde el propio Cervantes, que se considera padre de Don Quijote, pues asegura haberlo engendrado, recomienda al lector, con palabras ingeniosas y pícaras, dejando en claro que componer el prólogo fue la parte tal vez más difícil, que examine el contenido de la obra, y no se abstenga de criticarlo, aclarando que no contiene citas de autores famosos ni sonetos de elogio. Incluye Cervantes en este prólogo la opinión irónica de un supuesto amigo que le recomienda falsear las citas famosas y los elogios de personajes importantes.

El prólogo se diferencia del prefacio en que éste se redacta antes de la obra, mientras que el prólogo debe hacerse luego, pues expone a grandes rasgos su contenido, y en el caso de que sea la autoría de un tercero, lo juzga y recomienda.

No es necesario que los libros tengan prólogos, y muchas veces los lectores, apurados por adentrarse en la obra en sí, omiten leerlo, aunque resulta importante para conocer ciertos detalles, emociones o circunstancias que pueden ayudar a valorar mejor la lectura posterior. Cada edición puede tener su propio prólogo: “Prólogo a la Tercera Edición”, por ejemplo.