Concepto de avería

La palabra avería proviene en su etimología del árabe, de la palabra “awar”, que significa daño. De allí fue tomada por el italiano y el catalán, llegando hasta nosotros, para aplicarse a toda rotura, filtración o grieta que impida que una cosa o aparato funcione de modo adecuado a la función a que estaba destinado. Ejemplos: “se averió el caño de desagüe, y el agua se introduce en mi vivienda”, “mi ordenador se averió, ni siquiera enciende, tengo que repararlo” o “el motor de mi automóvil está averiado”.

Concepto de avería

Hay averías que pueden soldarse, pegarse o sustituirse la parte rota por otra, y otras son irreparables. Las averías pueden producirse por el desgaste normal, por el transcurso del tiempo, por algún accidente, o ser provocadas con dolo, o sea, en forma intencional para causar un perjuicio, lo que genera una responsabilidad para su autor, si no es el dueño de la cosa averiada, o si siéndolo ésta está al servicio de terceros. Ciertas averías pueden ocasionar accidentes fatales, como las que provocan pérdidas de gas, o impiden frenar a un vehículo. Otras averías pueden perjudicar a gran sector de la población, como son las que se producen en las centrales encargadas de la prestación de servicios públicos.

No se aplica a los organismos, aunque suele usarse en lenguaje coloquial, por ejemplo: “mi corazón está averiado, no soporta un solo disgusto más”.

Jurídicamente, la avería, fue un impuesto que se cobraba en la época de la colonia, al comercio entre España y América, desde comienzos del siglo XV, y hasta 1660, con el fin de contribuir a los gastos del Consulado que se ocupaba de estas relaciones comerciales y para la protección de las mismas. El impuesto se cobraba en un porcentaje sobe el valor de las mercaderías.