Concepto de ferrocarril

La palabra ferrocarril nos remite en su etimología a la unión de dos palabras de origen latino: “ferrum” que se traduce como “hierro” y “carrus” con el significado “de medio de locomoción que consta de ruedas”. El ferrocarril permite que circulen vehículos llamados trenes, que sirven para transportar personas o mercancías sobre rieles de hierro o de acero.

Se emplearon masivamente desde mediados del siglo XVI para el transporte minero, recurso que en grandes cantidades poseía Gran Bretaña; pero los carriles eran de madera, consistiendo en un par de rieles por donde se llevaba las vagonetas tiradas por personas o caballos. El primer carril de hierro data del año 1768. Desde comienzos del siglo XIX los ferrocarriles tuvieron una rápida evolución ofreciendo modelos cada vez más veloces originando lo que se conoció como La manía o el boom de los ferrocarriles.

Concepto de ferrocarril

Los grandes constructores de líneas ferroviarias de la primera mitad del siglo XIX fueron Gran Bretaña y Estados Unidos. En Europa la preocupación por instalar ferrocarriles apareció en la segunda mitad del siglo XIX. A fines de ese siglo Europa del este y Asia del este comenzaron el proyecto de comunicarse, lo que finalmente se logró en 1904, a través el “Transiberiano”, que inauguró la cuarta ruta en 1991. El siglo XX llevó a su apogeo a este medio de comunicación, por ejemplo con los ferrocarriles franceses que desarrollaron el “Train á Grande”, que comenzó a prestar servicios en 1981.

En América del norte las vías férreas alcanzan aproximadamente los 450.000 kilómetros, similar a la extensión de los ferrocarriles europeos. En Asia alcanzan a alrededor de 150.000 kilómetros. Son 100.000 kilómetros el extendido aproximado de las vías en América del sur y 80.000 en África. Los modernos trenes bala alcanzan una velocidad de 200 kilómetros por hora, y Francia fue uno de los primeros países en implementarlos, logrando competir con el avión en cuanto a seguridad y tiempo de viaje.