Concepto de personalidad

Etimológicamente tiene la misma significación que persona, o sea las máscaras usadas en los teatros griegos para representar el rol de cada actor. Las distintas personalidades, son características individuales que distinguen a un sujeto de otro, y lo hacen único en cuanto a sus atributos físicos, modos de pensar, reacciones instintivas (temperamento) y culturales (carácter), que pueden ser modificables, pero que poseen ciertos elementos genéticos básicos e invariables. De acuerdo a los rasgos de nuestra personalidad será la manera de percibir el mundo y las cosas que nos ocurren.

Científicamente el estudio de la personalidad no tiene una antigüedad de más de cien años, aunque inquietó ya al hombre de la antigüedad.

Para Freud la personalidad se va construyendo con las experiencias vitales. Si en las distintas etapas de la vida una persona padece un trauma, se fijarán en su personalidad las conductas propias de esa etapa. Si a un niño se lo ha destetado muy pronto tendrá dificultades el resto de su vida, buscando por ejemplo a través de fumar, beber o comer compensar las privaciones infantiles, para gratificarse oralmente.

La base de todo comportamiento humano para Freud, se halla en el “ello,” constituido por las necesidades básicas e instintivas, que nacen con el ser humano. Cuando ya la persona ha nacido, comienza el desarrollo de su “yo” o “ego”, que le muestra al niño el modo de satisfacer sus necesidades cuando son insatisfechas. Mientras el “ello” es irracional, el “yo” piensa la manera de satisfacerse. El “super yo” es el que aparece en la primera infancia, donde se forma la conciencia moral, la del deber, que reprime los instintos. Este “super yo” determinará dos clases de personalidad la antisocial, cuando el “super yo” no alcaza su éxito y la rígida e inhibida, que logra contener todos los impulsos.

En su libro “La Sabiduria del Eneagrama” Don Richard Riso y Russ Hudson exponen los siguientes tipos de personalidad: el Reformista (de profundos ideales, ordenado, impaciente, crítico y perfeccionista), el Ayudador (sincero, amistoso y generoso), el Triunfador (seguro y ambicioso), el Individualista (egocéntico, callado y sensible), el Investigador (curioso y visionario), el Leal (responsable, trabajador y confiable), el Entusiasta (optimista, impulsivo y productivo), el Desafiador (dominante) y el Conciliador (estable, confiado y complaciente). Estos autores no son los únicos que proponen el eneagrama, que es una figura geométrica de nueve números dispuestos en un círculo, donde los segmentos y los puntos interrelacionados, dan por resultados esos tipos de personalidad, explicando su formación y evolución.