Concepto de discusión

Cuando se habla de discusión es para referirse al resultado de la acción que prevé el verbo discutir, etimológicamente derivado del vocablo latino “discussio”, y a su vez del verbo “discutere”, siendo su significado, sacudir o agitar.

En la discusión hay pensamientos opuestos total o parcialmente. Conviene que cada uno primero reflexione y tenga claras sus propias ideas, antes de dialogar con otra u otras personas para exponer su punto de vista. Si el interlocutor no coincide en todo o en parte con lo expuesto, verbalmente o por escrito, dará a conocer su propio punto de vista, y allí se creará la discusión, si cada una persiste en su posición. Hay discusiones más trascendentes que otras, aunque la apreciación cuenta con un alto grado de subjetividad.

Las discusiones son normales en la convivencia humana, ya que es imposible coincidir plenamente con los dichos o acciones de los demás, y además, son positivas cuando quien sostiene una idea la respalda con argumentos sólidos y comprobables. Es bueno también que quienes discuten traten de comprender la opinión del otro, para poder así sacar conclusiones más veraces. Son muy provechosas, especialmente para el avance científico, los cambios de legislación, los progresos sociales, etcétera.

Las discusiones son sanas cuando hay respeto por las ideas ajenas, aunque no se esté de acuerdo, teniendo motivos legítimos para ello. Sin embargo, muchas discusiones al no poder resolverse al través del diálogo desencadenan actitudes violentales, verbales y/o físicas.

En los sistemas dictatoriales la discusión no está permitida. Las decisiones del gobernante son tomadas de modo inconsulto.

Se denominan discusiones bizantinas a aquellas que se prolongan indefinidamente en el tiempo sin llegar a una conclusión, pues al no poder probarse los argumentos contrapuestos, cada uno prosigue con su opinión. Debe su nombre a las largas y fervorosas polémicas verbales en materia religiosa que sostenían las distintas ramas del cristianismo del Imperio Romano de Oriente, en el Medioevo, a partir de la asunción del emperador Constantino, como lo relativo el sexo de los ángeles, la representación de los santos o la naturaleza de Cristo. Se dice que estaban tan preocupados en estas discusiones que los turcos se apoderaron del Imperio, mientras ellos ni siquiera se percataban, ensimismados en esas charlas sin respuesta unívoca.