Concepto de progreso

La palabra progreso proviene en su etimología del vocablo latino “progressus” que alude a un avance, a un adelanto, o mejora.

El ser humano tiende hacia el progreso instintivamente, pero algunos condicionamientos políticos, económicos y sociales pueden impedirlo. El oscurantismo medieval, por ejemplo, impidió el progreso o adelanto científico al no poder contradecirse las escrituras bíblicas.

El progreso está asociado a la idea de cambio, por eso en política las revoluciones son consideradas progresistas como ocurrió con la Revolución Francesa que erosionó el modelo conservador que sostenía el Antiguo Régimen.

El Humanismo, El Renacimiento, el Iluminismo mostraron que la potencialidad de la razón humana era inmensa, y a partir de entonces se produjo un amplio avance en materia científica y técnica.

Escribía el Marqués de Condorcet en 1829, que el hombre es perfectible en modo indefinido, al ser ahora independiente del poder que pudiera detenerlos. El progreso decía, podrá ser más o menos lento, pero nunca habrá retroceso, mientras las leyes o a naturaleza no lo impidan.

Todo lo humano es perfectible, y por eso se puede progresar en todas las áreas que lo involucren. Se puede progresar en los deportes, en los estudios, en las artes, en las manualidades o técnicas, en las ciencias, etcétera.

Sin embargo, el progreso desmedido científico y tecnológico, que no reconozca límites éticos o de respeto a la naturaleza puede traer aparejado una crisis moral o un desmedro significativo del hábitat natural, como está ocurriendo con ejemplos como el calentamiento global, la lluvia ácida o la destrucción de la capa de ozono.