Concepto de albricias

La palabra albricias tiene su origen en la lengua árabe, haciéndose popular su uso en España, desde el siglo XII. Procede del término “al-bisara”, que se traduce como la buena noticia o la buena nueva. En sus inicios se refería a los presentes o regalos que recibía el mensajero que traía noticias alentadoras y felices; a diferencia de aquellos que eran castigados por traer las noticias malas.

Usos del término albricias

Albricias, es frecuentemente usado como interjección jubilosa, y sinónimo de la expresión aleluya, en el sentido de expresar con exclamación e ímpetu, el júbilo y regocijo ante un acontecimiento o noticia que aporta placer y gratificación, ya sea a nivel general o personal, por ejemplo: “¡Albricias, seremos padres de nuevo!, “Albricias, se ha firmado el tratado de paz, y ya no soportaremos más esta guerra cruel!, ¡Albricias, mi madre ha mejorado considerablemente su salud! o ¡Albricias, hemos logrado entre todos que el país se recupere tras la crisis!”.

En Botánica, albricias es el nombre común que se les da a las plantas arbustivas, que alcanzan una altura de aproximadamente tres metros, que pertenecen a la familia de las Ericaceae, que también son conocidas como capulí silvestre o flapilla; pero cuyo nombre científico es Disterigma alaternoides. Podemos hallarlas en varias zonas de América, entre ellas, Ecuador, Colombia, Bolivia, Perú, Panamá y Venezuela. La corola de sus pequeñas flores, es de color amarillo. Su fruto es una cápsula comestible de color blanquecino o rojizo.

En Mertalñurgica, son albricias, los agujeros que se hacen en los moldes que se destinan a la fundición de metales, para permitir la salida del aire, y son también conductos, por lo que asciende el metal líquido, una vez que la cavidad se ha llenado.

Como apellido, Franklin Albricias (1889-1972) fue un político de destacada participación durante la Segunda República Española, de profundas y arraigadas ideas republicanas y de convicciones religiosas evangélicas, que lo llevaron a convertirse en pastor de la Iglesia Evangélica Española, siendo además masón en una logia de Alicante. También estuvo relacionado con el deporte, siendo árbitro de fútbol y fundador del Club Deportivo Albacete (1917).