Concepto de moro

La palabra moro, procede del latín “maurus” que se traduce en nuestro idioma como “negro” u “oscuro”. Con este nombre eran conocidos, ya desde la antigüedad griega y romana, los habitantes del Magreb, de Mauritania, en el norte africano, lugar que fue objeto de conquistas por parte del Imperio Romano, y a partir de ese hecho, sus pobladores sirvieron primero en las tropas auxiliares del ejército romano, y algunos, llegaron a ocupar cargos destacados, como el de emperador en el caso de Septimio Severo. Los moros fueron convertidos al cristianismo en el siglo IV.

Tras las invasiones bárbaras, al ser expulsados de España por los visigodos, junto a los alanos y vándalos, se unieron a ellos, realizando constantes saqueos. Se trataba de tribus beréberes que adoptaron el islam como religión, en el siglo VII, al realizar una alianza con el Califato de Damasco, y en el siglo VIII conquistaron la Península Ibérica. Tras la Reconquista, pasaron a ser llamados mudéjares, que habitaban en sus propias comunidades o aljamas. En el siglo XVI se los obligó a convertirse al cristianismo, y se comenzó a llamarlos, moriscos, para ser finalmente expulsados en el siglo XVI.

Como dijimos, los moros llegaron a la Península Ibérica, en el siglo VIII, pero no solo ellos fueron así llamados, sino que el término se generalizó para nombrarse como moros a todos los que profesaban la religión islámica, como los musulmanes de Filipinas, colonizados por España en el siglo XVI, cuya relación con el norte africano era nula.; y en forma todavía más extensiva, para referirse a las personas de raza negra, como lo hace Shakespeare, en “Otelo”, a quien se lo apoda, “El moro de Venecia”.

Moro es también un apellido, como el del teólogo y humanista inglés, Tomás Moro (1478-1535) condenado a muerte por no aceptar la nueva religión anglicana, ni al rey como su máxima autoridad de fe, y mantenerse fiel al Papa de Roma.
Moro, en la mitología griega, era el Dios del destino, oscuro e invisible, al igual que sus hermanos, dioses de la muerte y de los sueños. La denominación que le dieron los romanos fue Sors.