Concepto de ovación

La palabra ovación procede etimológicamente del griego “euazein” y del latín “ovationis”, resultado del verbo “ovare” que `puede traducirse como expresión externa jubilosa, en forma de gritos alegres. En Roma los generales que recibían la “ovatio” o aclamación popular eran aquellos que habían participado en contiendas bélicas y se habían destacado por ello, sin llegar a lo que los romanos consideraban un triunfo, pues no había producido en el enemigo las suficientes pérdidas, era una empresa fácil de lograr, o el conflicto se había resuelto de modo satisfactorio, pero pacífico. Estos generales hacían su entrada vestidos con una toga de color blanco con un borde púrpura, teniendo en su cabeza una corona de mirto.

La ovación provoca en su destinatario un profundo goce, pues es reconocido por algún mérito o característica que le hacen digno de que muchas personas le brinden esa distinción. Quienes ovacionan pueden estar movidos por una real admiración y el deseo intrínseco de reconocer al sujeto ovacionado por sus cualidades, pero también hay casos que quienes ovacionan lo hacen por intereses mezquinos o por temor.

Ejemplos: “Cundo el actor salió a despedirse en la escena final de la obra de teatro, el público lo ovacionó ya que su actuación fue memorable”, “El presidente fue ovacionado por su pueblo ya que logró revertir la crisis que el país estaba atravesando”, “Con una ovación el pueblo recibió a los héroes de guerra”, “Un grupo de empleados ovacionó a su maligno jefe en su cumpleaños para recibir un ascenso” o “Lo ovacionaron al jefe militar no por amarlo o admirarlo sino porque temen de las represalias que pueda tomar contra quienes no son sus aduladores”.

De todos modos, la ovación puede también no estar demasiado justificada y proceder solo de la pasión de quienes la manifiestan: “No se entiende cómo ese grupo de jovencitas ovaciona a ese cantante que desafina y es bastante mal educado. Fueron los medios los que contribuyeron a idealizarlo”.