Concepto de sofista

La palabra sofista se deriva de la palabra griega (σοφία) o “sophía” que significa sabiduría. Un sofista era un conocedor del saber, un maestro; siendo específicamente llamados sofistas aquellos filósofos que en la antigua Grecia (más precisamente en Atenas) iban de ciudad en ciudad enseñando el arte de la oratoria. Podemos ubicarlos cronológicamente en el siglo V antes de Cristo, en la época de nacimiento de la democracia directa, donde se requería de ciudadanos que participaran en forma activa en los asuntos comunes y de bienestar general, para lo cual debían convencer a los demás en que los apoyen en sus ideas. Por eso la misión de los sofistas era enseñar a pronunciar discursos y a argumentar.

Como cobraban por sus enseñanzas y mostraban distintos modos de usar las palabras para que sirvan para respaldar una idea, “disfrazando” muchas veces la realidad, fueron rotulados como charlatanes y mentirosos, que se vendían “al mejor postor”. Eran pragmáticos, siendo lo útil lo que beneficie a la polis, y el criterio de lo que era bueno, obtenido por consenso, y esa conformidad se lograba convenciendo a través de la oratoria.

Eran relativistas, ya que consideraban que no había verdades absolutas, y cada uno podía dar a conocer su punto de vista del modo más convincente posible. No fue un movimiento que involucraba a pensadores que compartían ideologías comunes en todo, justamente por ser relativistas. Coincidían en la confianza en el pensamiento racional, la crítica negativa hacia el pasado y la intolerancia a los límites impuestos por la tradición al pensamiento.

Un sofista muy destacado fue Protágoras de Abdera, que vivió entre los años 480 y 410 antes de nuestra era; incansable viajero que recorrió Grecia llevando sus enseñanzas y cobrando muy caro por ellas. Si bien fue admirado en un principio siendo amigo de Pericles, su duda sobre la existencia de los dioses, le valió una acusación de impiedad y huyó a Sicilia, muriendo ahogado al zozobrar la nave en la que viajaba.

Otro sofista muy valorado fue Sócrates, pero se distinguió del resto por ser serio y no cobrar por sus lecciones.