Concepto de castigo

Originada en la palabra latina “castigare” (de “castus” = virtuoso y “agere” = hacer), castigo significa transformar en puro y virtuoso algo incorrecto, a través de una acción correctiva. Es un modo de restablecer la justicia cuando se ha producido una situación de inequidad y se trata de volver a que cada uno tenga lo que le corresponda. Por ejemplo cuando un ladrón le quita a otro algo que le pertenece, éste último se halla en una situación inmerecida o injusta. Castigándose al ladrón se trata de que éste obtenga su merecido para que pague el precio por su error restituyendo si es posible lo robado o su valor, en este caso como compensación del daño, y además si correspondiera, que vaya a la cárcel como castigo, con el fin supuestamente de reivindicarse y por seguridad social hasta que ello ocurra; aunque esta finalidad es muy controvertida si sucede en la práctica.

Los castigos con fines correctivos suelen aplicarse no solo en el ámbito del Poder Judicial, órbita privativa del Estado, que reemplazó la venganza privada en la solución de conflictos entre partes, sino en otros, como en el seno familiar, en los colegios, en los trabajos o en las iglesias.

Los castigos pueden ser de diferente grado: ir desde una simple reprimenda hasta llegar, solo en el ámbito doméstico, a una módica corrección física, como se permite a los padres con respecto a sus hijos menores de edad.

En el ámbito religioso, pueden oscilar entre efectuar algunas oraciones y la excomunión.

En algunos casos los castigos suelen atribuirse a agentes no humanos, como los castigos divinos, que se cree, y esto fue común en la Edad Media, provienen de Dios, que castiga a los humanos por sus pecados, con violencias naturales como inundaciones o terremotos, o con enfermedades.

En el conductismo, los castigos sirven como condicionamiento para impedir determinadas conductas.