Concepto de excepción

La palabra excepción proviene en su etimología del latín “exceptionis” palabra compuesta integrada por el prefijo “ex” que se refiere a lo que queda afuera, y por “actio” = acción, aludiendo en el Derecho Procesal, ya desde la Antigua Roma, a los casos que permitían no dejar prosperar las acciones judiciales. Las excepciones en el sistema procesal romano comenzaron con el procedimiento formulario a partir del siglo II a. C, y son una parte de la fórmula escrita (similar a nuestra actual demanda) colocada antes de la petición de condena, en beneficio del demandado, para que pueda defenderse paralizando momentáneamente la acción, como en el caso de que el plazo para pagar aún no haya vencido (excepciones dilatorias) o para detener definitivamente la acción (excepciones perentorias) como ocurre entre otros casos si la obligación no puede ya reclamarse por haber pasado el tiempo que legalmente se ha fijado para la prescripción o si ya existe otra sentencia que haya decidido la misma cuestión (excepción de cosa juzgada).

Concepto de excepción

Actualmente también existe la posibilidad del demandado de oponer excepciones a los reclamos que hace el actor en su demanda judicial, pero se las debe interponer antes o al contestar la demanda, según los casos, salvo que surgieran luego. Las excepciones pueden a su vez ser aceptadas o negadas por el actor, y deberán probarse, para que puedan prosperar.

También se habla de excepción para hacer referencia a todo aquello que no es abarcado por la generalidad o regla. Por ejemplo: “eres una excepción a la regla de que cuando la gente envejece comienzan las dolencias, tú estás cada día más sano y fuerte”, “las reglas de la herencia de Mendel tienen varias excepciones” o “ya el plazo para la inscripción terminó, pero como has traído constancias de que no has podido concurrir por motivos justificados, procederé a inscribirte en carácter de excepción”.