Concepto de proxeneta

La palabra proxeneta tiene probablemente origen en el vocablo griego προξενητής o proxenētḗs, integrado por el prefijo de antelación “pro” y por “xenos” en el sentido de “extranjero”. Se designaba con este término a aquellos caballeros que les ayudaban a los extranjeros a conseguir compañía femenina, yendo delante de ellos. Eran también los protectores de los extranjeros. En el latín, de donde indudablemente se tomó, “proxenēta” aludía a cualquier intermediario mercantil, que obtenía por ello una comisión o “proxeneticum”. Con el tiempo la palabra comenzó a usarse para aquel que mediaba para obtener ganancias en el comercio sexual.

Concepto de proxeneta

Quien se dedica a sacar beneficios económicos prostituyendo a otra persona, es el proxeneta (vulgarmente llamado “caficho”, chulo o rufián si es un hombre, o matrona o “madama” si es una mujer) que comete un delito llamado proxenetismo o lenocinio. Su actividad es la de explotar a estas personas, en su mayoría mujeres, aunque también puede tratarse de transexuales, hombre o niños, exponiéndolos a graves peligros, para lo cual les prometen protección a cambio de una parte del dinero que consiguen por su actividad. En muchos casos, la corrupción policial y de otros funcionarios públicos que reciben sobornos por no perseguir estos ilícitos, propicia que sigan existiendo.

En general los proxenetas se valen de engaños, violencia, abuso de autoridad, situación vulnerable de la víctima o uso de drogas, para lograr que sus supuestos protegidos acepten sus condiciones. El bien jurídico específicamente protegido es el de la libertad sexual individual.

Este delito es similar al de trata de personas, aunque en este último, la configuración del hecho ilícito está dada por el tráfico internacional de mujeres, para luego prostituirlas.