Concepto de acatar

La palabra acatar se compone de términos latinos: el prefijo de aproximación “ad” y “captare” en el sentido de tomar o capturar. En un principio se refería a mirar algo con mucha atención, pero luego esta acepción quedó en desuso y pasó a designar obediencia y sumisión a la autoridad de algo o de alguien, que puede ser un familiar, un amigo, un jefe, una ley, etcétera.

Si bien el acatamiento es en general una decisión voluntaria, muchas veces está condicionada por las consecuencias que acarrearía la desobediencia, por ejemplo: “Si no acato la ley puedo ir preso”, “Acaté las órdenes del ladrón pues quería preservar mi vida”, “Debemos acatar las normas pues solo así lograremos una convivencia armónica, de lo contrario se generaría un caos” o “Debo acatar las órdenes de mi jefe si no quiero quedarme sin trabajo”, o sea, que cuando acatamos puede ser que lo hagamos porque consideramos que la orden es justa y merece ser cumplida, por provenir de quien posee autoridad, o por temor al castigo.

Concepto de acatar

El acatamiento a las órdenes de superiores jerárquicos exime de responsabilidad por delitos al subalterno que las ejecuta. Esto se conoce en Derecho Penal, como obediencia debida y es aplicada esta figura especialmente dentro del ámbito militar, donde existe una rigurosa jerarquía. En estos casos el que recibe el castigo es el superior y no quien acató la orden y realizó el acto ilícito. Es muy discutida en la doctrina, pues se considera que si bien puede ser un atenuante de responsabilidad, no debería eximirla ya que la voluntad del ejecutor existe, y podría haberse negado a realizar los actos que se le indican.

Esto sería un caso de lo que se denomina “obediencia ciega” donde el acatamiento es absoluto e irreflexivo, sin ningún sentido crítico sobre la orden recibida, lo que no debería suceder si queremos lograr una sociedad justa. Debemos evaluar siempre si son legítimas las órdenes que se nos dan. Incluso las leyes que deben ser acatadas por todos, merecen cuestionarse si son evidentemente injustas, ya que, como decía Cicerón, estas leyes no merecen llamarse así, y recomendaba que el hombre debe medir la justicia o no de las leyes, con su inteligencia, negándose a cumplir aquellas incompatibles con su conciencia.

Algunos animales domésticos son capaces de acatar órdenes, como el caso de los perros, y otros son más reacios a hacerlo, como lo gatos.