Concepto de impaciencia

Impaciencia es un vocablo integrado por el prefijo negativo “in” más “paciencia”, que se deriva del latín “patientia” a su vez procedente del verbo “pati” en el sentido de “sufrir”. Quien tiene paciencia acepta el sufrimiento con resignación, realiza sus tareas de modo tranquilo y calmado. Por el contrario, la impaciencia es lo que caracteriza a aquellos que no pueden o quieren esperar, que necesitan “ya” los resultados.

Los impacientes son ansiosos, la espera los abruma, los irrita, y por ello se lanzan a hacer las cosas o a satisfacer sus deseos de modo precipitado, sin pensarlo demasiado, lo que a veces puede resultar favorable y otras muchas, no tanto, si no se miden los riesgos, o por hacer las cosas apuradas se las hace de modo negativo o deficiente: “Si quieres que la tarea te salga bien, no te apures y realízala con paciencia, la impaciencia te hará perder más tiempo porque deberás rehacerla”, “Estoy impaciente esperando los resultados de mis exámenes médicos”, “El médico está tardando demasiado, y me estoy impacientando” o “Estoy muy impaciente esperando que me llamen del trabajo en el que me postulé”.

Concepto de impaciencia

También se habla de impaciencia para quienes no tienen tolerancia a otros individuos animales o humanos, que demandan cuidados y atención: “Mi padre no me tiene nada de paciencia, cuando le quiero contar mis problemas se aleja, alegando falta de tiempo” o “Los animales de compañía requieren mucha paciencia ya que hay que alimentarlos, sacarlos a pasear y llevarlos al veterinario, además de que debemos estar dispuestos a tolerar que ensucien y rompan nuestras pertenencias”.

Los que sufren de impaciencia son propensos al estrés, y esto puede llevarlos a tratar de calmarse con medios que le ocasionarán mayores problemas, como la ingesta de alcohol, de drogas o volverse violentos. El control de nuestras emociones, ir a un ritmo adecuado sin tratarle de ganar al tiempo, es algo que debemos aprender, pues la virtud de la paciencia es la que nos abrirá puertas a nivel individual y social. El impaciente, al apurarse, no disfruta del “mientras tanto” lo hace todo rápido y nervioso, pasando por la vida de modo fugaz, sin darse cuenta de lo que va dejando atrás, como si por llegar a destino en un viaje, no admiramos la belleza del paisaje, o, lo que es peor, a causa de la velocidad, sufrimos un accidente y la meta soñada nunca se alcanza.