Concepto de destrucción

La palabra destrucción proviene en su etimología del latín “destructĭonis”, designando tanto el acto de arruinar o dañar en forma grave a algo o a alguien, como a la consecuencia o efecto de lo que queda arruinado, inservible o dañado.

Puede referirse a bienes materiales: “el tornado provocó la destrucción de mi casa”, espirituales: “tu trato provocó la destrucción de mi auto estima”; o corporales: “la enfermedad destruyó mis defensas orgánicas” y puede ser total, cuando el daño es tal que el objeto o sujeto destruido desaparece o ya no puede cumplir ninguna utilidad; o parcial cuando, irremediablemente se pierde una porción, pero subsiste en una parte.

Cuando el agente es un fenómeno natural se dice que fue por caso fortuito o fuerza mayor; si el agente es humano, cabe su responsabilidad penal, y civil para reparar los efectos del daño.

Hay ciertos objetos que la historia guarda como testimonio de lo que puede ser capaz el hombre de construir y a la vez de destruir. Uno de estos casos emblemáticos es el templo de la ciudad de Jerusalén, ordenado levantar por el rey Salomón en el siglo X antes de la era cristiana, que fue objeto de destrucción en el año 586 a. C, por el rey de Babilonia, Nabucodonosor II.

Los agentes de destrucción pueden ser naturales: un huracán, una inundación o un terremoto; o humanos, como ocurre con las armas, o ciertas sustancias químicas venenosas.

Las armas que causan daños materiales y personales cuantiosos e indiscriminados, se denominan de destrucción masiva, por ejemplo las armas nucleares, las químicas y las biológicas.

Entre los hindúes existe una diosa asociada a la destrucción, a la que conoce como Kali, aunque también representa el cambio.