Concepto de exteriorización

Podemos definir la exteriorización como sacar algo al exterior, afuera, retirándolo de nuestra intimidad para hacerlo público, para manifestarlo.

Lo que reside en el interior de cada persona, sus sentimientos, pensamientos, ideas, emociones, corresponden a su ámbito privado y sobre ello nadie tiene potestad, ni el ámbito privado ni el público. Dice la Constitución argentina al respecto, que las acciones privadas están fuera de la autoridad de los magistrados y solo son competencia de Dios. Una persona puede tener los pensamientos más oscuros, pero mientras no los dé a conocer, nadie lo juzgará (porque simplemente no pueden saberlos); salvo su propia conciencia, que suele ser a veces muy cruel. En caso de sentimientos nobles, también sucede lo mismo, ya que si alguien quiere mucho a otro pero no se lo expresa, o alguien desea ayudar a otro pero no lo hace, quedan como meras intenciones, y los destinatarios de esos afectos no percibirán ni el cariño ni la ayuda, respectivamente.

Las personas que fácilmente exteriorizan sus afectos, ideas y emociones son denominadas extrovertidas; las que no, reciben la denominación de introvertidas, de las cuales poco se sabe, aunque en general tienen una gran riqueza interior, que suelen manifestar artísticamente.

Cuando exteriorizamos nuestras ideas, éstas llegan a conocimientos de los otros, y nos exponemos a ser criticados; cuando exteriorizamos nuestros sentimientos de amor, podemos ser aceptados o rechazados; cuando manifestamos enojo podemos hallar en el otro, comprensión, indiferencia o también enojo; cuando nuestra intención de hacer algo se exterioriza, se concreta en obras, positivas o negativas, buenas o malas, legales o ilegales.

La exteriorización de sentimientos negativos puede también manifestarse socialmente a través de reclamos y protestas masivas, como la exteriorización de sentimientos positivos en marchas de apoyo o adhesión.

Muchos deseos y miedos reprimidos se exteriorizan en conductas que no podemos comprender, en algunos juegos infantiles, o en los sueños, según los estudios psicoanalíticos.