Concepto de intención

La palabra intención, proviene del vocablo latino “intentio” y designa la inclinación de la voluntad hacia un determinado propósito, bueno o malo, que puede o no concretarse en la práctica tal como se lo concibió.

Por ejemplo, alguien tiene la intención de decir la verdad a un paciente muy enfermo para que se cuide (buena intención) pero al hacerlo, el enfermo se deprime y se termina suicidando (consecuencia no querida).

Se habla de segundas intenciones cuando se oculta otra, detrás de la manifestada. Por ejemplo, aquel que viaja a visitar a su tía anciana con la intención de acompañarla, pero también aunque no lo diga, para ser tenido en cuenta en el testamento.

Dentro de la Ética, que estudia las conducta de las personas y distingue entre ellas las buenas de las malas, algunos filósofos, como el utilitarista, John Stuart Mill, sostienen que no interesa qué intención tuvo el sujeto al realizar el acto; para saber si fue bueno hay que analizar si las consecuencias fueron útiles. Por ejemplo, no interesa si quien rescató al niño del incendio lo hizo para cobrar notoriedad; el acto es bueno pues una persona continúa con vida.

Otros filósofos como Immanuel Kant (1724-1804) por el contrario, juzgan un acto bueno o malo según la intención de su autor, aunque el resultado querido no se haya alcanzado, por ejemplo para Kant si una persona intenta rescatar a otra en un naufragio, pero no lo logra por las circunstancias, igual el acto ha sido éticamente bueno.

Una buena intención que no se materializa, obviamente no cuenta para la ética, de allí nace el famoso dicho: “De buenas intenciones está poblado el infierno”, por ejemplo, alguien tiene la buena intención de ayudar a los necesitados, pero no hace nada al respecto.

La intención en el ámbito jurídico permite calificar los hechos ilícitos en dolosos (con intención de dañar) o culposos (cometidos sin intención y solo por imprudencia).