Concepto de benigno

La palabra benigno nos llegó desde el latín “benignus” vocablo que se integra con el adjetivo “bene” que se traduce como “bueno” y con el verbo “genere” en el sentido de generar o engendrar. Algo benigno es lo que se generó o nació como bueno o carente de malignidad o capacidad de hacer mal o dañar, o que no posee una mala intención, o que tiene perspectivas favorables.

Ejemplos de uso: “Esta tormenta parece benigna, los vientos serán de una intensidad moderada”, “Sus pensamientos son benignos, siempre está tratando de hacer el bien al prójimo”, “Las condiciones de vida de la zona, son más benignas que en épocas pasadas, pues la gente ahora, cuenta con servicios básicos”, “La tasa de mortalidad infantil, arroja índices más benignos en la actualidad” o “Fue benigna la intervención de la policía, restauró el orden sin agredir a nadie”.

En Medicina

El uso más frecuente del calificativo benigno, es para referirse a aquellas enfermedades que cursan, sin revestir gravedad, y no dejan secuelas, por ejemplo: “Padecí una gripe benigna, que se me fue en una semana, sin haber tenido que tomar medicinas” o “Tengo una inflamación benigna en una pierna, y me dijo el médico que no es para nada preocupante”.

Se les llama tumores benignos a los que no son cancerosos. No tienen crecimiento invasivo sobre los tejidos cercanos, ni sobre otros lejanos (metástasis). El tamaño del tumor no está relacionado con su benignidad, ya que pueden ser muy grandes y no malignos. Un ejemplo de tumores benignos, son los miomas uterinos.

En el cristianismo

Entendido benigno como bueno, piadoso y misericordioso, la Biblia nos habla de la benignidad de Dios, que hace, por ejemplo, que el sol brille para todos, cada día, incluso sobre los pecadores, y sobre todos hace caer la lluvia; y de la cualidad de aquellos que son amables, empáticos y caritativos, siguiendo el ejemplo del Creador.

San Benigno fue un sacerdote cristiano, nacido en la ciudad de Todi, en la región italiana de Umbría. Por sus creencias religiosas, fue una de las tantas víctimas de las persecuciones sangrientas, ordenadas por el emperador romano, pagano, Diocleciano, que gobernó entre el año 284 y el 305, antes de que el Imperio estableciera el cristianismo como su religión oficial. San Benigno, integra, con 139 santos más, la columnata con la que está adornada la Plaza de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano.