Concepto de bóveda

La palabra bóveda, se originó a partir del vocablo latino “volvita”, a su vez, derivado del verbo latino, “volvere”, en el sentido de volver o girar.

Se aplica este término a las cubiertas arquitectónicas que adoptan el formato de arco tridimensional. El lugar que está cubierto con este tipo de techo, también se denomina bóveda, así como el lugar subterráneo donde se colocan los cadáveres, especialmente cuando es la morada eterna de personas de la misma familia. Otro caso de uso, es para nombrar las cajas fuertes destinadas al resguardo de dinero y joyas.

Fueron los romanos los que incorporaron la bóveda de cañón (ya usada por egipcios y mesopotámicos empleando adobe) alineando arcos continuos de medio punto, en sus construcciones, por ejemplo, en la Basílica de Majencio o en las termas de los emperadores Caracalla y Diocleciano.

Las bóvedas, se colocan entre muros o pilares, que soportan el peso de la bóveda, colocando los materiales, tradicionalmente ladrillo o piedra, por presión o compresión, de forma manual o trabados con mortero, en forma de arco, que dan lugar a la bóveda, contando muchas veces con soportes interiores. Se hacía un armazón provisional de madera (cimbra) que encarecía el valor de la bóveda.

Luego del período románico medieval, donde se usaron para cubrir las naves centrales de las iglesias, las bóvedas de cañón; y las de aristas, para las naves laterales, soportadas por gruesos muros con mínimas o nulas ventanas; en el gótico, se usaron bóvedas de crucería. Las bóvedas nervadas o de crucería son formadas por intersección de sendas bóvedas de cañón apuntado, que se refuerzan por nervios diagonales (a diferencia de las bóvedas de arista). En esta etapa, también se usaron las bóvedas de arista, dejando los muros de soportar el peso que recaía en contrafuertes exteriores.

Modernamente evolucionó la construcción de bóvedas, con el uso del acero y el hormigón armado.

La Bóveda del Fin del Mundo, son tres grandes almacenes subterráneos, refrigerados y muy sólidos, y capaces de resistir terremotos y volcanes, que se inauguraron en el año 2008, con una superficie total de más de mil metros cuadrados. Allí se resguardan semillas, que aportan los bancos genéticos de todo el mundo, para proteger al mundo de la pérdida de la biodiversidad. La bóveda está situada en la isla de Spitsbergen, en el archipiélago de Svalbard, en Noruega.