Concepto de arrebatamiento

La palabra arrebatamiento es el resultado del verbo arrebatar, regular, pronominal y de primera conjugación, integrado el término por el prefijo de privación “a” y por el vocablo árabe “ribat” que indica una fuerza o sujeción. El arrebatamiento es la consecuencia de quitar con ímpetu o violencia algo (material o inmaterial) a otro, antes de que llegue a poseerlo o cuando ya lo detentaba. Ejemplos: “Mi hijo tenía un juguete entre sus manos y otro niño lo hizo llorar cuando se lo arrebató” o “Estaba por tomar mi porción de torta, pero otro invitado, se me adelantó y me lo arrebató”.

Cuando lo que se arrebata es un bien ajeno, de importancia individual y social, ya sea la vida, la salud, las posesiones materiales, la ley castiga a quien lo hace, con diversas penas, según la gravedad del hecho. Por ejemplo: “Iba caminando distraída, y, de repente, un hombre en bicicleta me arrebató la cartera, pero, por suerte, mis gritos alertaron a un policía, que lo llevó detenido, aunque me dijeron que pronto recuperó su libertad, tras pagar una fianza” o “Por arrebatarle la vida a mi primo, al asesino lo condenaron a 25 años de prisión”.

También pueden quitarse cosas que no se pueden ver ni tocar, en sentido figurado, por ejemplo: “La vida al lado de aquel hombre ruin, me arrebató paulatinamente la alegría”, “Día tras día, su presencia simpática y cariñosa, me fue arrebatando el corazón” o “Tenía una idea sobre un plan de negocios, se la comenté a un conocido, y me la arrebató para ponerla él en práctica”.

El arrebato pasional, se trata de un desborde emocional, donde la persona pierde su autocontrol, manifestándose con furia y vehemencia, por ejemplo: “En un arrebato, insulté a un empleado de un comercio, por haberme vendido mercadería en mal estado” o “Por un arrebato, perdí mi empleo, ya que me enojé y le propiné un golpe a un compañero de trabajo”.

En el cristianismo, el arrebatamiento, se trata de la creencia, apoyada en textos bíblicos, de que, con la vuelta de Cristo a la Tierra, los muertos que vivieron de acuerdo a la fe cristiana, recobrarán la vida, y serán transportados o raptados hacia el reino celestial, junto a Dios, en una nube. También irán, los vivos que crean en Cristo y hayan seguido una vida de virtud, para vivir allí eternamente.