Concepto de alucinación

La palabra alucinación, procede del latín “allucinatio” (engaño mental o mente divagante) siendo éste el concepto que dominó entre los siglos XVI y principios del siglo XIX, cuando por obra del psiquiatra francés, Jean Étienne Dominique Esquirol, se diferenció la alucinación de la ilusión, y pasó a describir la primera, la situación, de etiología incierta, de la persona que percibe, de modo consciente o inconsciente, como real, algo que no tiene correspondencia con un estímulo exterior de tipo físico. Es una percepción carente de objeto. Si el estímulo físico externo existe, pero se lo percibe o interpreta de modo distorsionado, no es una alucinación, sino una ilusión; y si el sujeto se está convencido de una realidad inexistente, existiendo evidencias de lo contrario, se trata de un delirio.

Las alucinaciones pueden ser: visuales, cuando se cree ver imágenes de seres animados o inanimados, del tamaño real o mucho más grandes o pequeños; o cosas amorfas, como luces, sombras o formas difusas; auditivas, cuando se oyen sonidos (voces, silbidos, música, golpes) que no existen; gustativas: percibiéndose sabores imaginarios, en general repulsivos; olfativas cuando se perciben olores inexistentes, en general feos; táctiles, sintiendo que se tiene algo bajo la piel. Hay alucinaciones que son pasajeras y no causan preocupación, y, otras, pueden generar un gran temor en quien las padece; por esa razón, hay que brindarle tranquilidad y realizar la correspondiente consulta a un especialista, quien indicará los pasos a seguir.

Como ya dijimos, las causas no son del todo claras, y aparecen, muchas veces, sin ninguna causa aparente, en personas normales, en forma leve, siendo más intensas en algunos casos de esquizofrenia, epilepsia, Alzheimer, depresión, manía, tumores que afecten el lóbulo frontal, en experiencias místicas, estrés, privación del sueño o por el consumo de drogas. Se cree que la dopamina, es responsable, como neurotransmisor, de la aparición de alucinaciones, cuando se libera de modo excesivo; aunque también se ha postulado, que es, simplemente, una construcción errónea que hace el cerebro, a partir de datos que no existen.

En lo cotidiano, es frecuente que usemos el término para referirnos a aquellos casos en que la imaginación desbordante, o los deseos imperiosos, nos hace percibir cosas que no existen, sabiendo que son fabricaciones por nuestra mente: “Aluciné que te veía, porque te extraño demasiado”, “Paseando por el campo, aluciné que un pajarillo me cantaba al oído” o “Creo que estoy alucinando, pero me pareció ver el rostro de mi madre entre la gente, aunque sé que es imposible pues está muerta”.