Concepto de cristal

La palabra cristal procede etimológicamente del griego κρύσταλλος (krýstallos) de “kryos” en el sentido de “frío”, de donde pasó al latín como “crystallus” y de allí al español, designando al hielo y de allí aplicable por extensión y por similitud de apariencia por su transparencia, al cristal de roca o cuarzo.

En general a los cristales los hallamos en las geodas, que son cavidades rocosas y casi siempre cerradas, donde llegan minerales traídos por las aguas subterráneas, y allí cristalizan. La mayoría de los minerales se encuentran en forma de cristales, con gran variedad de tamaños y formas, presentándose los minerales en agregados homogéneos o heterogéneos. El estudio de los cristales es el objeto de la Cristalografía.

Los cristales que forman parte de nuestra vida cotidiana son por ejemplo el azúcar o la sal de mesa, muchas de nuestras copas o las lentes de nuestras gafas.

Las partículas que conforman los cristales están dispuestas de modo regular y poliédrico, con átomos e iones dispuestos en redes simétricas, repetitivas que forman estructuras; y en eso se diferencia del vidrio, que es también un sólido, pero amorfo.

Por el tipo de enlace podemos clasificar del siguiente modo a los cristales:

1. Sólidos iónicos: en los nudos de la red, los iones están unidos por marcadas fuerzas electrostáticas.
2. Sólidos atómicos: en los nudos de la red, hay átomos neutros unidos por enlaces covalentes, generalmente, y a veces, iónicos.
3. Sólidos moleculares: en los nudos de la red hay moléculas neutras y estables que se unen por fuerzas de Van der Waals.
4. Sólidos metálicos: en los nudos de la red hallamos iones positivos unidos por electrones de valencia, que integran una nube electrónica que invade toda la estructura.
También pueden clasificarse por su simetría en cúbicos, tetragonales, ortorrómbicos, monoclínicos, triclínicos, hexagonales o romboédricos.