Concepto de desahucio

La palabra desahucio corresponde a la acción y resultado de desahuciar, integrada por “des” y por el antiguo verbo “afuciar”, términos cuyo origen están en la lengua latina: el prefijo “dis” en el sentido de retrotraer o negar, y “fiduciare” en el sentido de dar confianza; con lo cual, desahucio, es retirar dicha confianza.

En Medicina, cuando se desahucia a un paciente, se le quita toda esperanza de vida, siendo su mal irremediable, y se queda a la espera de la muerte en un tiempo breve, pues el médico afirma que se trata de una enfermedad terminal, o sea, en la última etapa de su desarrollo.

En el ámbito jurídico, el desahucio se produce, cuando ante el incumplimiento de un contrato por parte de un inquilino que arriende un inmueble destinado a vivienda o a la actividad comercial, siendo las causales más frecuentes la falta de pago de la renta, la expiración del contrato sin renovación, o la ocupación por parte de personas que no aparecen en el contrato, o sin que haya contrato; y tras un juicio especial y sumario, se logra la orden judicial de desalojo, lo que se concreta con el lanzamiento, que es la expulsión del inquilino, que si no se marcha de modo voluntario será la fuerza pública quien lo obligue a hacerlo. Es también aplicable en algunos países, a la relación de empleo, ya que ambos contratos (alquiler y trabajo) son de tracto sucesivo, o sea, se cumplen durante cierto tiempo, y generan obligaciones periódicas.

A partir de noviembre de 2009, España aprobó el desahucio exprés, para promover los contratos de arrendamientos ante la crisis inmobiliaria. Por el mismo se reducen tiempos procesales para hacerlo más rápido y que el dueño recupere rápido su inmueble.

Puede también ser la medida que se toma contra quien ha adquirido una vivienda contrayendo un préstamo hipotecario, y al no poder pagar las cuotas, se le remata la vivienda que compró. Esto es poco frecuente en países como Francia, donde los préstamos para la compra de viviendas no se otorgan bajo hipoteca, mientras que, en Grecia, solo podrán expulsarse a los propietarios si no es su primera residencia y cuenta con más de 200 metros cuadrados. En Italia, solo se permiten si la familia tiene un ingreso anual que supere los 27.000 euros.