Concepto de infarto

La palabra infarto es un término de uso médico que procede del latín moderno. Se derivó de “infarctus”, a su vez, efecto del verbo “infarcire”, integrado por el prefijo de interioridad “in” y por “farcire” que puede traducirse como “rellenar”.

Se trata de una lesión que se produce en los tejidos orgánicos, que se necrosan o mueren al no recibir aporte sanguíneo, y, por ende, oxígeno. Los vasos sanguíneos conducen la sangre al organismo, pero esto no suceden cuando se tapan. Lo más común es que ocurra la obstrucción de arterias, pero en algunos casos puede ser venoso.
Si bien pueden ocurrir los infartos en cualquier tejido u órgano, los más frecuentes son en el corazón y en el cerebro.

Los infartos de miocardio son conocidos también coloquialmente, como ataques cardiacos y ocurren cuando al acumularse placa en las arterias, compuesta principalmente por colesterol, se rompe, formándose un coágulo alrededor de la placa; o se acumula de modo lento y progresivo la placa (ateroesclerosis) impidiendo el flujo sanguíneo, al bloquear alguna arteria coronaria que llevan al corazón, sangre y oxígeno. Las células cardíacas, al no recibir el oxígeno que necesitan, mueren por isquemia. Los infartos de miocardio suelen ocurrir mientras la persona duerme o descansa, luego o durante una intensa actividad física, o por estrés. Presenta comúnmente los siguientes síntomas: opresión o dolor en el pecho que se irradia al brazo izquierdo, la mandíbula, cuello y espalda; y falta de aire. Una asistencia médica rápida puede salvar la vida del paciente.

En el infarto cerebral lo afectado es la masa encefálica, por la falta de riego sanguíneo, al bloquearse las arterias cerebrales. También se lo conoce como ictus o ACV (accidente cerebro vascular). El daño puede ser de tipo transitorio o permanente. Entre los síntomas pueden mencionarse: dolor de cabeza que aparece de modo súbito y es muy intenso, mareos, visión borrosa, aturdimiento y dificultad para hablar. La presión sanguínea y el colesterol alto son los mayores factores de riesgo.

Cuando el flujo sanguíneo en el intestino se interrumpe, por trombosis venosa, una hernia, hipotensión, o como consecuencia de una cirugía, entre otras causas, se produce un infarto intestinal. Al igual que los otros infartos antes mencionados es un problema de gravedad, que, en este caso, en general, se debe resolver quirúrgicamente.
Un infarto ganglionar puede producirse como consecuencia de una inflamación de los ganglios linfáticos, que se produce como una respuesta a infecciones, a los efectos de radiaciones o quimioterapia o por traumas. No es muy común que ocurran. En general son solo inflamaciones que no llegan al infarto.