Concepto de pruriginoso

La palabra pruriginoso es un adjetivo que llegó al español desde el latín “pruriginsus”, de “prurire” en el sentido de “picor”, siendo justamente, algo pruriginoso lo que provoca picazón, y, por ende, un deseo irrefrenable de rascarse, lo que empeora el problema al poder lesionarse la piel, e incluso infectarse.

Muchas son las cosas que pueden calificarse como pruriginosas, entre ellas las alergias, ya sea a ciertos alimentos (por ejemplo, al chocolate, a las nueces, al huevo o a la miel, entre las más comunes) a picaduras de insectos, al contacto con algunos productos de limpieza u otros químicos, con algunas plantas, con el pelo de ciertos animales, entre ellos, el que causa más alergia es el del gato, a medicamentos, etcétera. Muchas alergias se manifiestan con la aparición de ronchas, en distintas zonas del cuerpo, que emergen y luego se apagan, para rebrotar, posteriormente. Las ronchas pueden ser signo de otros problemas de salud, como trastornos autoinmunes.

Los niños pequeños son susceptibles de padecer prurigo simple infantil o urticaria papulosa, por picaduras de mosquitos, chinches o pulgas, producida por la hipersensibilidad a los alérgenos contenidos en la saliva del insecto que les pica, produciéndoles un prurito considerable.

Los hongos en la piel, que aprovechan las zonas húmedas del cuerpo para instalarse, también pueden resultar pruriginosos.

Un problema dermatológico pruriginoso muy común es la dermatitis atópica, que se presenta sobre todo en bebés y niños, predispuestos genéticamente a padecerla, caracterizado por palidez facial, piel seca y eczema.

Son también pruriginosas, las enfermedades eruptivas (rubéola, varicela, sarampión) la policitemia vera, la sarna, las neuropatías, el VIH, la enfermedad renal crónica, entre otras.