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Concepto de subcutáneo

La palabra subcutáneo tuvo origen en el latín “subcutaneus”. Este término se integra por el prefijo “sub” que indica una posición por debajo, el sustantivo “cutis” en el sentido de piel y el sufijo de relación •”aneus”.

Lo subcutáneo alude a todo lo relacionado con lo que se encuentra debajo de la piel o epidermis, conformada por tejido epitelial, que recubre el cuerpo, y de la dermis, mayormente formada por tejido conjuntivo. Abajo de esta última hallamos en los mamíferos, el tejido subcutáneo, también llamado fascia superficial o hipodermis cuyas funciones principales son conservar la temperatura del cuerpo, darle forma y también movilidad a la piel, además de ser protectora de los órganos, por ser una capa blanda. Allí se produce la acumulación de grasa, desarrollándose en general células adiposas, aunque también encontramos fibroblastos y macrófagos. Los adipositos se ubican en la capa más superficial donde se produce el contacto con la dermis. La capa lamenar es más interna con células pequeñas en forma de huso, distribuidas horizontalmente. En las personas obesas esta capa es más gruesa. En la hipodermis también hallamos las glándulas sudoríparas, vasos sanguíneos, raíces de cabellos y nervios.

Puede producirse edema en el tejido subcutáneo por acumulación de líquidos. El enfisema subcutáneo sucede cuando ingresa aire en esa capa interna de la piel. Es una afección poco frecuente pero grave, que puede producirse por ejemplo por traumatismos, heridas de armas blancas o de fuego, ruptura del esófago, neumotórax, inhalación de cocaína, lesiones que se producen como consecuencia de bucear o fractura del hueso facial.

A causa de infecciones microbianas pueden aparecer nódulos subcutáneos que son generalmente benignos, apareciendo a la vista y al tacto como protuberancias.

Las inyecciones subcutáneas son las que se aplican en esa zona de la piel, la subcutánea o hipodermis. Con esto se logra una absorción lenta del medicamento, siendo los más habituales de administración por esta vía, las vacunas, la heparina y la insulina. Se prefieren las zonas del cuerpo con escasa vascularización como el vientre, brazos y muslos.