Concepto de voluntad

La palabra voluntad, nos llegó desde el latín "voluntas", que se deriva del verbo "velle" en el sentido de "querer".

La voluntad es una característica psicológica de la criatura humana, que determina sus acciones; conociéndolas, y dirigiéndose intencionalmente hacia el fin propuesto. Un acto es voluntario cuando se ejerce sin coacción, pudiendo comprender sus consecuencias. Ejemplos: "Mentí de modo voluntario, nadie me obligó, así que me haré cargo de las consecuencias" o "Voy a hacer este viaje de capacitación, voluntariamente, pues, a pesar de que sé que será agotador, me permitirá mejores oportunidades laborales".

Es una facultad del alma para la filosofía aristotélico-tomista, y actualmente la psicología la considera como una capacidad mental.

En el ámbito jurídico

El acto voluntario tiene los siguientes momentos: 1. Deliberación conciente de los motivos que llevan a la acción, 2. La decisión de realizar el acto, 3. La ejecución, y 4. La asunción de responsabilidades.

Si alguien va caminando por la calle, tropieza y cae, y, al caer, golpea a otra persona, lastimándola, esa acción no fue voluntaria, pues no fue ni pensada ni querida por su autor, y, por ende, no responsabilizan a su autor.

Jurídicamente, en el ámbito civil, los vicios de la voluntad que hacen anulables los actos lícitos, como por ejemplo, los contratos; son el error, el dolo y la violencia, pues en ellos, la voluntad expresada no coincide realmente con lo deseado.

En el Derecho Penal, son inimputables, y considerados hechos sin voluntad, por no poseer discernimiento que les permita diferenciar correctamente el bien del mal, los actos de los insanos mentales y los niños hasta determinada edad, en general, los 10 años.

Como parte de la personalidad

Cuando una persona pone su dedicación y esfuerzo en la consecución de un fin por él elegido, ya sea por placer o por deber, se dice que esa persona es voluntariosa.

Cuando una persona carece de iniciativa para realizar acciones, se dice que posee poca voluntad o abulia.

Schopenhauer habló de una "voluntad de vivir", donde los seres vivos encuentran sus motivaciones en sustentar y desarrollar sus propias existencias.

Nietzche habló de la “voluntad de poder” como una fuerza que impulsa a la vida a expandirse y dominar a otras voluntades, convirtiéndose en motor del universo. A diferencia de Schopenhauer, para Nietzche el mundo es un fluir, donde el hombre está inmerso y debe tender hacia el progreso, para construir un superhombre que encontrará sentido en la Tierra, ya que para él, Dios ha muerto.