Concepto de boato

La palabra boato, procede etimológicamente del latín “boātus” que se refiere a “grito o alboroto”. Es el efecto del verbo “boare” = “gritar” o “clamar”. Este significado ya ha quedado en desuso; y actualmente, se conoce como boato, al lujo u ostentación con que se muestra una persona o una cosa.

Ejemplos: “Se ha realizado el casamiento de los miembros de la realeza, en medio de un boato inusitado”, “El boato de la catedral rusa de San Basilio, templo ortodoxo, me ha maravillado” o “El beato de sus ropas, no coincide con su estado patrimonial, así que seguramente se estará endeudando”.

El boato ceremonial, en los templos religiosos, en los palacios de los reyes, en los hogares de los nobles y en el atuendo de las clases sociales encumbradas, ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad, aunque no siempre ha sido visto con buenos ojos, especialmente por parte del cristianismo, ya que en el islam está bien considerado.

En el Antiguo Testamento, se habla del Arca de la Alianza, creada por mandato de Jahvé, luego de un año del éxodo del pueblo judío de Egipto, mientras vagaban por el desierto, consistente en un cofre hecho en madera, recubierto de oro, con lo cual, se advierte que el boato, era considerado importante incluso para el Creador, que también lo indicó en el Tabernáculo (santuario móvil) que mandó a construir conjuntamente. El templo de Jerusalén, donde se lo colocó luego, también era muy lujoso. Sin embargo, entre los seres humanos, se prefería, religiosamente, la humildad, como se dice en Salmos 49,18, que el boato no bajará con las personas en su tumba.

En la antigüedad europea, asiática, y en Egipto, el boato era un elemento necesario para demostrar el estatus social y los artículos suntuarios eran comercializados y muy estimados, especialmente los que llegaban de Oriente. El imperio asirio, tuvo entre sus objetivos bélicos, el saqueo de comunidades para apoderarse de objetos lujosos, lo que reforzaba su poder, teniendo boato, incluso sus armamentos, con carros cubiertos de oro y arneses de plata y marfil.

Grecia obtuvo su época de mayor boato, llamado período helenístico, con las conquistas de Alejandro Magno, que se apoderó del imperio aqueménida, consolidó el poder macedonio en Grecia, conquistó el imperio persa y fundó la ciudad de Alejandría, en el 331 a. C, al extenderse a Egipto, donde gobernó la dinastía ptolomeica, contando con un opulento palacio de mármol y majestuosos jardines.

En la Edad Media europea, con influencia cristiana, el boato, comenzó a ser despreciado en la vida de los fieles, lo que persistirá hasta la llegada del Humanismo y el Renacimiento, donde el ser humano separará las cuestiones terrenales de las religiosas.

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