Concepto de concilio

Concilio, proveniente etimológicamente del latín “concilium”, y significa reunión de personas. En la época de la Roma republicana, los concilios eran asambleas de ciudadanos plabeyos, los «concilia plebis» que designaban a un magistrado plebeyo con inmunidad, que era el tribuno de la plebe, que los protegía de abusos por parte de la clase privilegiada de los patricios y dictaban norte que hasta la ley Hortensia solo obligaban a los de su clase, llamados plebiscitos, y luego de dicha ley, tuvieron valor para toda la población de Roma.

Actualmente se aplica el término concilio, especialmente si se trata de obispos u otras autoridades de la iglesia católica, para decidir sobre cuestiones vinculadas a la disciplina, a la organización eclesiástica y a la doctrina religiosa. Los concilios intentan llegar a acuerdos.

Estos concilios pueden ser universales si abarcan a toda la cristiandad, cuyos obispos deben obligatoriamente concurrir, salvo por motivos justificados de fuerza mayor, y en ese caso se llaman ecuménicos, obligando a todas las iglesias.

El primer concilio ecuménico fue el de Nicea en el año 325, entre el 20 de mayo y el 19 de junio, que fue convocado por el emperador Constantino y presidido por el obispo Osio de Córdoba, con el fin de luchar contra el arrianismo. Promulgó veinte cánones o reglas, entre ellas la prohbición de la autocastración; prohibición de los clérigos de vivir con mujeres que o fueran sus parientes directas, penitencia a los que apoyaron a Licinio, rival del emperador Constantino, la oración de pié para los días Domingos y en Pentecostés. No terminó con este concilio el apoyo al arrianismo, doctrina que se logró erradicar en el Concilio de Constantinopla del año 381.

Otro importante concilio ecuménico fue el de Trento, celebrado en esa ciudad del norte italiano a mediados del siglo XVI, iniciando sus sesiones el 13 de diciembre de 1545, ante la necesidad de una reforma religiosa motivada por el avance del protestantismo.

El último concilio ecuménico data del año 1959, y fue convocado por el papa Juan XXIII, bajo el nombre de “Concilio Vaticano II” para desarrollar la fe católica, renovar moralmente la vida cristiana, adaptarla al contexto histórico y mejorar la relación con otras religiones; fue continuado por Pablo VI ante el deceso de su antecesor en el año 1963, y lo clausuró en 1965. Son convocados por el Papa quien decide los temas a tratar y debe aceptar las decisiones.

Los concilios que reúnen a la cristiandad de un continente, región o país se denominan plenarios y se convocan con autorización papal.

También existen concilios provinciales, convocados en la diócesis provincial por el obispo metropolitano, celebrándose cada dos décadas.

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