Concepto de anatema

La palabra anatema, tiene su origen en el griego ἀνάθεμα, de donde pasó al latín como “anathema”, siendo su significado originario, en la Grecia politeísta, el de ofrenda a la divinidad, por la cual, los devotos le entregaban a sus dioses, objetos valiosos, para honrarlos y obtener sus favores; pero, posteriormente, cobró el sentido de una maldición, por la cual se aparta de la comunidad de fieles, a aquel miembro o grupo, que la ha deshonrado, siendo esa persona o personas, maldecidas, y no solo expulsadas, como ocurre con la excomunión, donde se los excluye de los sacramentos.

Anatema fue la traducción en griego, en la Septuaginta (Biblia griega) de la palabra hebrea “herem” usada en la Biblia, para referirse a algo maldito o desterrado. Se habla de anatema, aludiendo a la furia de Dios contra los pueblos infieles. En el Libro de Josué 6:15-19, se usa para designar una ofrenda que se volvería maldita, si siendo propiedad de Jehová, alguien la tomase. En Levítico 27 dice que ninguna persona que sea separada como anatema, es pasible de ser rescatada; pues, necesariamente, debe de ser muerta.

En el Nuevo Testamento, tradicionalmente, anatema, es un grave y deshonroso castigo para quienes se alejan de Dios.

En un principio, la iglesia usó como términos sinónimos anatema y excomunión, pero en el siglo V, se distinguieron, siendo la excomunión la exclusión del culto y de la Eucaristía, y anatema, implicó la separación total y absoluta del condenado del reino de Dios, apartándolo, de modo eterno. El patriarca de Constantinopla, Nestorio, recibió una dura acusación por su doctrina, que el Concilio de Éfeso, en el año 431, declaró herética, pues dudó sobre la virginidad de María y la divinidad total de Cristo, siendo destruidas sus obras. Entre el 5 de mayo y el 2 de junio del año 553, se celebró el Segundo Concilio de Constantinopla, que condenó al nestorianismo, con catorce anatemas, considerándose anatemas, entre otras conductas, negar la Santísima Trinidad, o que el cuerpo de Cristo o descreer de la unión sustancial con Dios, y que sus dos naturalezas se fusionaron sin reducción ni confusión; o llamar a la Virgen María en sentido figurado, o si se defiende al impío Teodoro o si no se anatemiza a Arrio, Eunomio, Macedonio, Apolinar, Nestorio, Eutiques y Orígenes, etcétera. En el Concilio vaticano II de 1959, ya no se menciona el término anatema.

Por extensión, se aplica a la condena moral y/o legal, que se hace de ciertos actos, considerados altamente perjudiciales, crueles y aberrantes, como los genocidios, la trata de personas, los crímenes de lesa humanidad, etcétera.