Concepto de babismo

La palabra babismo, nos llegó derivado del árabe “bāb” que se traduce como “puerta”, pues en la religión chiíta, Bab, es la persona con la aptitud de comunicarse con el Imán oculto; siendo un movimiento religioso nacido en Persia (actual Irán) que buscaba un acceso a la divinidad y sus revelaciones.

Este enviado, fue reconocido en el fundador de esta concepción teológica, llamado Siyyid ‘Alí-Muhammad (1819-1850) un comerciante persa, de Shiraz, ciudad ubicada al sudoeste de Persia, que fue nombrado, por esa razón, El Báb, siendo reconocido por sus seguidores, los babíes, como mensajero de Dios, siendo su misión más trascendental, la de comunicar la venida del profeta de Dios, con el fin de unir a toda la humanidad.

La existencia de un mensajero divino que pronto llegaría al mundo, fue anunciada en 1830, por el líder de una secta islámica, la de los shaykhís, llamado Siyyid Kázim de Rasht, pero durante su vida no pudo hallarlo. Sí lo hizo uno de sus seguidores, en 1844, Mullá Husayn, quien al llegar a la ciudad de Shiraz, fue muy bien recibido por Siyyid ‘Alí-Muhammad, quien fue reconocido por él como el enviado, tras cumplir ciertas pruebas, y también lo hicieron diecisiete personas más que acompañaban a Siyyid Kázim.

Esta religión nació del islam, pero se diferenció de él, pues su libro sagrado no es el Corán, sino el Bayán, obra de Báb. Sostiene que Dios ha hecho una revelación progresiva a los hombres, en las distintas religiones, de acuerdo a las distintas épocas históricas, a las que se va adecuando.

Se basa en una concepción de igualdad entre los humanos, hombres y mujeres, descartando todo prejuicio.

Las autoridades persas se escandalizaron de lo revolucionario de estas ideas y del crédito que le merecían a la gente, que se unía al babismo de modo creciente. El gran visir Amir Kabir, ordenó su fusilamiento, lo que ocurrió en Tabriz, el 9 de julio del año 1850. Sus seguidores fueron perseguidos, y muchos asesinados.

Sin embargo, la religión siguió siendo profesada, desde el exilio en el Imperio Otomano, y oculto en Persia, donde era ilegal; y uno de sus seguidores, Mirzá Husayn ‘Ali, apodado Bahá'u'lláh, que significa “La Gloria de Dios” en 1863, anunció que era él, el profeta anunciado por El Báb, y así nació la fe bahá'í, pero debió exiliarse en la ciudad israelí de Akka.

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