Concepto de omnisciente

La palabra omnisciente se formó a partir de los siguientes términos latinos: “omnis” que indica totalidad y “scientia” en el sentido de “ciencia”. Quien es calificado de omnisciente es porque lo conoce todo (omnisciencia total) o sabe todo aquello que se anhela conocer sobre un tema, o varios, determinados (omnisciencia inherente).
La omnisciencia total es imposible para los humanos, por eso solo tiene un sentido religioso, siendo un atributo del Creador, para todos los credos, y de la Santísima Trinidad (Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo) para el cristianismo. Gracias a este atributo, Dios puede conocer cada cosa que ocurre en el mundo y cada pensamiento, por lo cual puede engañarse a nuestros semejantes, pero nunca a Él. Para algunos, esto se contradice con el libre albedrío, ya que si Dios lo sabe todo existiría una predestinación. Sin embargo, se sostiene que Dios conoce de una manera diferente de la humana, ya que es el principio de todo lo creado y su propio ser es saber. Los humanos, por su parte, solo pueden alegar una omnisciencia inherente a determinadas áreas del saber, lo cual también hoy en día es casi imposible debido a los avances continuos de los saberes.

La omnisciencia puede estar referido, por ejemplo, en Literatura, donde el narrador conoce todos los trasfondos de lo que relata. En las novelas clásicas era muy frecuente su utilización. Este narrador conoce los sentimientos, las ideas no expresadas de los personajes, lo que ocurrió y lo que sucederá, ya que él es un poco el Dios de la historia, que arma y desarma la trama a su manera. El relato se hace en tercera persona, porque el narrador omnisciente no es un personaje de la historia, sino que es alguien capaz de revelarnos o no, a su antojo, detalles de la misma que sólo él conoce. Ejemplos: los cuentos infantiles como “Caperucita Roja”, “Blanca Nieves” o “La Cenicienta”; o “Crónica de una Muerte Anunciada” de Gabriel García Márquez.