Concepto de disertación

La palabra disertación procede del latín “dissertatio”, y es la acción y efecto del verbo disertar, del latín “dissertare” que se compone del prefijo “dis”, que alude en este caso a dispersión o separación, y de “serere” que se refiere a la acción de encadenar.

En líneas generales, una disertación es una exposición oral (muy pocas veces se hace de modo escrito) sistemática y argumentativamente desarrollada, en la actualidad frecuentemente complementada con medios audio visuales, presentando particularidades según el país donde se use. Por ejemplo, en Francia, las disertaciones (conocidas allí como composiciones) se usan en la prueba de bachilleratos (Bac) exigidos luego de completar los estudios secundarios para poder seguir en niveles superiores, y se trata de la formulación de una hipótesis que hay que argumentar para llegar a la conclusión fundada. En los países de cultura anglosajona una disertación es una tesis universitaria.

El tema puede ser libremente escogido, o determinado en base al encargo de una autoridad o del logro de un fin.

Las finalidades son muchas. En el ámbito escolar se utiliza para que el alumnado se acostumbre a dominar la oratoria y a argumentar. Entre los políticos tiene la misión de convencer al electorado. En el campo científico, exponer las razones que condujeron a aprobar una teoría, etcétera.

Estructura

1. Introducción: Es la parte en la cual el disertante se presenta ante el público, comparte el tema que va a desarrollar dando sus lineamientos generales, tratando de despertar el interés de la audiencia.
2. Desarrollo: se expone el tema de modo lógico y coherente, de modo argumentativo y secuencial, tratando de generar interrogantes e inquietudes.
3. Síntesis de ideas esenciales: Se rescatan los temas más importantes de lo expuesto
4. Conclusión: Se transmiten las reflexiones finales a las que llega el disertante luego de haber expuesto el tema.

Aspectos a considerar por parte del disertante

1. Evaluar el grado de conocimiento e interés sobre el tema por parte de su público, ya que si son expertos y están motivados, el discurso deberá ser más complejo y profundo, que si está dirigido a novatos en la temática.
2. No leer el texto, sino aprenderlo, para exponerlo con claridad y soltura, sin memorizarlo.
3. Practicarlo varias veces, ante conocidos o frente al espejo, antes de presentarlo formalmente.
4. Hablar a ritmo pausado, sin caer en la monotonía; imprimir énfasis a las partes
relevantes, pero sin gritar; mirar al público y prestar cuidado a los gestos, sin evitarlos, pero tampoco exagerándolos.